
Los hijos son la coronación de lo mas importante de la vida. Son los que nos enseñan lo que es el amor incondicional, los que nos dan el título de haber llegado a sentir que estamos completos, que hemos llegado al sumun de lo que la vida nos da. Ellos nos traerán esa alegría infinita que en nada cambiaremos. Nos enseñan a ser mejores, maduros y responsables.
Es por todo esto que nuestra vida deja de ser individual y pasa a ser absolutamente proteccionista de ese tesoro por el cual nos desvelaremos, nos preocuparemos y protegeremos, sin medir a cambio de que. Y es ahí en donde nos preguntamos ¿Qué nos pasaría si por algún motivo nuestro pequeño desaparece de nuestras vidas?
¿Puedes pensar una vida sin saber nada de esa persona por la que te has desvelado, has amado y necesitas tanto que duele?. Entonces deberás de leer esta historia que involucra a una mujer y su pequeño hijo, y los cuales han vivido una historia que te estremecerá y terminara sacándote una sonrisa.

Gabriela y Bernardo, una historia de desesperación y con final feliz
Gabriela Suárez nunca pensó que un día normal, como todos y cuando estaba llevando a su hijo al colegio, por un descuido de segundos no vería mas a su pequeño Bernardo de tan solo 3 años.
La desesperación, la incertidumbre la invadieron de inmediato y mas de tres horas buscó por todas partes al niño sin éxitos. Hasta las madres de sus compañeros se unieron en esta infructuosa búsqueda sin conseguir el mas mínimo dato del destino de su hijo.
Largas búsquedas, policía de por medio y así siguieron los días pasando sin cambios. Hasta no hace mucho tiempo atrás la búsqueda continuaba, aunque mucho mas leve sin poder avanzar en nada, transitando una meseta interminable. Mucho tiempo ha pasado, ya 10 años y muchas cosas en la vida de esa madre desesperada.

Ella a pesar del tiempo, nunca bajo la guardia, nunca dejo de pensar en que su hijo estaba con vida. Ese pensamiento nunca desapareció, e incluso ese mismo pensamiento la alejó de su marido hasta llegar a una separación definitiva, el ya consideraba este pensamiento mas como una obsesión que una realidad y los enfrentamientos fueron inevitables.
La realidad de Gabriela también cambió, dado que con el paso del tiempo ella se fue vinculando a asociaciones de búsquedas de niños desaparecidos, refugios y lugares de acogida. Familia, amigos y terapeutas le comenzaron a sugerir la posibilidad de pensar en dar ese amor interno a otro niño que si bien nunca supliría a su Bernardo, podrían darle otro sentido y ánimo en el camino a seguir. Muchos le aconsejaron que considerara la opción de adoptar otro pequeño.
Ya con este pensamiento mucho mas internalizado, y con su insistente asistencia a lugares en los que se encontraban niños sin familias es que conoció a un pequeño de nombre Tomás, que desde que lo vió llamo su atención.

Tomás estaba en este lugar desde hacia varios años, calculaban tendría entre los 13 y los 14 años de edad y su actitud solitaria, pero tranquila fue un imán en la actitud de Gabriela. Tomás se pasaba horas sentado en algún rincón del lugar, callado y con lápiz en la mano haciendo interminables cantidades de dibujos. Como era lógico, Gabriela no dudo en acercarse y comenzar lo que después comentaría fue su primer acercamiento que se inició con una sencilla pregunta «¿Me mostrarías ese precioso dibujo?»
La empatía entre ambos fue inmediata y Tomás no dudo en mostrar esos trazos que representaban a una mujer sonriente y con los brazos extendidos.
Luego vino la inevitable pregunta ¿Quien es? y Tomás respondió, «esta es mi mamá feliz, hasta que un día se enojo, pero yo quiero recordarla siempre feliz». Gabriela no dudo en volver a preguntar: ¿y dónde esta tu mamá ahora? a lo que Tomás se encogió de hombros y comenzó a llorar, fundiéndolos en un abrazo interminable.

Fue ese preciso momento en el que Gabriela decidió adoptarlo y darle ese amor inmenso que ella tenia. El médico tratante de Tomás le comento que era a primera vez que lo veía sonreír y darse tanto con alguien. Por lo tanto tramites mediante comenzó la vida conjunta de estos dos personajes tan admirables.
Los primeros momentos no fueron fáciles, la adaptación de ambos había que construirla pero sin demasiado tiempo se conformó. Ya Tomás sonreía a diario y comenzaba a transitar una vida plena en familia. Hasta que un día por la noche, Gabriela se acercaba a su cuarto cuando escuchó que Tomás tarareaba una canción. De inmediato Gabriela comenzó a llorar y se acerco a su pequeño, porque ella había conocido ese tema. Esa canción, era una canción de cuna, que ella misma había inventado y que le cantaba a su Bernardo todas las noches.
Las dudas fueron insostenibles y rápidamente Gabriela fue a comprar un kit de ADN, no quería para nada por su necesidad confundirse y considerar algo que no fuera verdad. Esperó los resultados y con ellos en la mano se fue a su casa y junto a Tomás abrieron los mismos, por lo que juntos se enteraron que Tomás no era otro que su Bernardo perdido 10 años atrás. Es decir, HABÍA ENCONTRADO A SU HIJO 💖.

Muchas preguntas y dudas, hasta que Bernardo le contó que una mujer lo había llevado y LUEGO DE VIVIR CON ELLA UN TIEMPO lo dejo un día en la casa de acogida. Fue obvio que Gabriela la localizo y junto con Bernardo fueron a verla y exigirle le contara al niño la verdad.
Hoy viven juntos muy felices y realizaron todos los trámites para que Tomás tenga el apellido que le corresponde, con el único cambio que en lugar de Bernardo, decidió seguir llamándose Tomás porque con este nombre creció y fue con el con el que encontró a su verdadera mamá.
¿Qué le dirías a la mujer que se robó el niño?
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